Uno propone cambios, hace un guiño, un giro de página.
Y que el viento decida el rumbo.
Como si una buena lluvia hubiese lavado años de tristeza y te dejara nuevo para lo que venga.
De eso se trata Budapest una ciudad que podría ser triste pero que por contraste no lo es.
Desordenada y un poco sucia, no se entrega.
Las calles son como los dedos de una mano que se van abriendo cada vez mas y es facil ir a parar a cualquier parte ya que cambian de nombre en un tris.
Si eso te pasa respirá profundo -seguramente absorberás olores a especias mezclados con tarros de basura que no fueron recolectados- y dejate sorprender por su singularidad tan particular.
Sentate a tomar una cerveza húngara y podrás deleitarte con un pato con salsa de rosas, unos crepes de pollo (panqué de Hortobágy) o una especie de guiso de carne pörkölt (es la base de la sopa goulash pero mas espeso).
Parece educada desde muy chica para reconfortar.
Está llena de baños termales, turcos, y algunos por demás exóticos.
Se levanta todos los días sin cansancio y se ve con el paso del tiempo más linda cada vez.
Sin embargo la comunidad europea aun no la acepta, parece que algunas cosas le gustan pero no tanto como para hacerlo, no logra convencerse de que vale la pena –tendrá un pésimo gusto-, ella no se desanima por más que parece que nunca es suficiente, sigue sonriendo, amable, se brinda en su esplendor para quien la sepa ver.
Muestra como se puede empezar de nuevo, renacer de las cenizas, sonriendo y ofreciendo generosamente un plato de comida.
Y que el viento decida el rumbo.
Como si una buena lluvia hubiese lavado años de tristeza y te dejara nuevo para lo que venga.
De eso se trata Budapest una ciudad que podría ser triste pero que por contraste no lo es.
Desordenada y un poco sucia, no se entrega.
Las calles son como los dedos de una mano que se van abriendo cada vez mas y es facil ir a parar a cualquier parte ya que cambian de nombre en un tris.
Si eso te pasa respirá profundo -seguramente absorberás olores a especias mezclados con tarros de basura que no fueron recolectados- y dejate sorprender por su singularidad tan particular.
Sentate a tomar una cerveza húngara y podrás deleitarte con un pato con salsa de rosas, unos crepes de pollo (panqué de Hortobágy) o una especie de guiso de carne pörkölt (es la base de la sopa goulash pero mas espeso).
Parece educada desde muy chica para reconfortar.
Está llena de baños termales, turcos, y algunos por demás exóticos.
Se levanta todos los días sin cansancio y se ve con el paso del tiempo más linda cada vez.
Sin embargo la comunidad europea aun no la acepta, parece que algunas cosas le gustan pero no tanto como para hacerlo, no logra convencerse de que vale la pena –tendrá un pésimo gusto-, ella no se desanima por más que parece que nunca es suficiente, sigue sonriendo, amable, se brinda en su esplendor para quien la sepa ver.
Muestra como se puede empezar de nuevo, renacer de las cenizas, sonriendo y ofreciendo generosamente un plato de comida.
Recetas milenarias de sirios, persas, árabes, e italianos, logran de esa comunión la delicia más impensada, cualquier comida está llena de color, es un perfume nuevo, es un beso bien dado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario