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domingo, 6 de mayo de 2018

Inevitable Portugal



Inevitable no volver más alto de un viaje.
Uno puede palpar otras calles, olores, colores, saborear comidas nuevas.
Se expande la creatividad, la curiosidad encuentra su paraíso.
Pero cuando el lugar te moviliza en las emociones, en los sentimientos...
Cuando te llegan de muy lejos los primeros versos de un poema que te conmueven al extremo...
Eso me pasó con Portugal en donde sin saber el idioma podía 
entender todo encantada con su melodiosa suavidad.

Es el país de las sutilezas.
Ni que hablar de la historia que lo impregna. 
Tienen la biblioteca más antigua (en la Universidad de Coimbra) custodiada por un ejercito de murciélagos guardianes que no permiten que los insectos dañen los libros, quien sabe tienen algún hechizo protector a lo Harry Potter, porque sí, todo aquí tiene la impronta Potter, los estudiantes de Coimbra usan capas. 
Parece que Rowling vivió en Oporto dos años, y tanto visitar la librería Lello (una preciosa librería mágica- gótica) se inspiró.
Es la tierra de los mejores navegantes. 
Del pescado fresco.
Una feria del libro encantadora en Nazare justo en frente de la playa, con 
aguas heladas y minada de barcas pequeñas pintadas con colores alegres.

Lisboa con sus aires de reina del mar otrora. Ni un terremoto, ni siquiera un 
tsunami pudieron destruir. 


Sigue ahí hermosa, bohemia, romántica, con la música de 
sus fados que embelesan o pueden pasar desapercibidos.
Fado significa destino.  Si esa música tan particular, que es como la melodía del llorar, te 
cautiva y los dejas que aprieten fuerte, entonces, es un pacto para siempre. 


Es estar en Europa y no estar en Europa.
Con su arquitectura señorial y su comida sencilla, te embriaga la suavidad, y la pausa.
Un lugar de mucha cultura lleno de librerías y la más antigua del mundo 
Bertran.


El licor de guinda se sirve en una tacita de chocolate blanco o negro según la elección. 
Por momentos  es la ciudad la que se transforma.  Todo es negro y blanco.
Y aparece su figura, y varias siluetas, una detrás de la otra como una imagen que se multiplica ad infinitum, recorriendo las calles, en medio de los tranvías, con una colección de sombreros todos enormes para su pequeña cabeza. 
En la ciudad habitada por el agua en todos los sentidos, el olor a sal, el color azul en todas sus versiones, el rumor del mar, va caminando Fernando Pessoa, el más múltiple de todos los poetas. Se detiene en el café La Brasileria a tomarse una pinta de café Chiado y a beber bastante más que un par de copas.
¿Vos y cuantos más sos, Pessoa?.
Vos también lo impregnas todo, de tu poesía, como si fuese agua, esa que es simple y  distinta, contada por tantas otras voces, con distintas pieles y personalidades.
"La esperanza es un deber del sentimiento". Dice Ricardo Reis, sin gritar porque aquí nadie grita. Todos hablan despacio casi como si fueran susurros, casi como si fuera la voz del mar.
"Pensar en Dios es desobedecer a Dios". Susurra Alberto Caeiros.
Y se escucha despacio como llegando de muy lejos, algo que escuché hace varios años y me trajo a Portugal movida por esa frase que rebalsaba el pequeño corazón de mi infancia, y ahora me la dice al oído Alvaro de Campos, tan suavemente, casi como si viniera de un sueño: "
No soy nadie pero llevo en mí todos los sueños del mundo". 

Inevitable no volver más alto de un viaje.
Pero cuando el lugar te moviliza en las emociones, en los sentimientos, y juega sólo como los niños juegan en los sueños el l
ugar pasa a ser tu destino.

Disculpas pido si esta saudade es un exceso de melancolía,o de ganas de volver a verte Portugal, pero después de todo 


como decía el propio Pessoa con la voz de Bernardo Soares 
"¿Viajar?. Para viajar basta existir"